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Los Mejores 14 Libros de Francisco de Quevedo ¡Gratis!

Francisco Gómez de Quevedo y Villegas, nació el 17 de septiembre de 1580 en Madrid, España. Quevedo nació en una familia rica y distinguida. Los padres de Francisco de Quevedo desempeñaban altos cargos en la corte, por lo que desde su infancia estuvo en contacto con el ambiente político y cortesano.

Estudió en el colegio imperial de los jesuitas, y, posteriormente, estudió en las universidades de Alcalá y Valladolid de 1596 a 1606, ciudad ésta donde adquirió su fama de gran poeta y se hizo famosa su rivalidad con Góngora.

Quevedo era versado en varios idiomas y a los 23 años se había distinguido como poeta e ingenioso.

Sus contemporáneos mayores, Miguel de Cervantes y Lope de Vega, expresaron su estima por su poesía, pero Quevedo estaba más interesado en una carrera política.

Siguiendo a la corte, en 1606 se instaló en Madrid, donde continuó los estudios de teología e inició su relación con el duque de Osuna, virrey de Sicilia y más tarde de Nápoles, a quien Francisco de Quevedo dedicó sus traducciones de Anacreonte, autor hasta entonces nunca vertido al español.

En 1613 Quevedo acompañó al duque a Sicilia como secretario de Estado, a quien sirvió con distinción durante siete años. También participó como agente secreto en peligrosas intrigas diplomáticas entre las repúblicas italianas.

Con la ascensión de Felipe IV de España, Osuna cayó en desgracia y Quevedo fue puesto bajo arresto domiciliario.

A partir de entonces rechazó el nombramiento político y se dedicó a escribir, produciendo un flujo constante de verso y prosa satíricos dirigidos a las locuras de sus contemporáneos.

En 1639 fue arrestado nuevamente, supuestamente por un poema satírico, y fue confinado en un monasterio. Liberado en 1643, quebrantado de salud, murió poco después.

Quevedo revela su compleja personalidad en la extrema variedad tonal de sus obras, que van desde lo obsceno a lo devoto. Su erudición y su amplia cultura lo impulsaron a escribir obras de gran seriedad moral, tratados de filosofía estoica y traducciones de Epicteto y Séneca, pero demuestra igual familiaridad con la vida baja y el canto del inframundo.

La mayor parte de sus escritos satíricos estaban dirigidos a abusos específicos de la época y ya no son de interés, pero es recordado por su novela picaresca La vida del buscón (1626; “La vida de un canalla”), que describe las aventuras de “Paul the Sharper” en un mundo grotescamente distorsionado de ladrones, conspiradores e impostores.

Sueños de Quevedo (1627; Sueños), fantasías del infierno y la muerte, escritos a intervalos de 1606 a 1622, muestra su desarrollo como maestro del entonces nuevo conceptismo barroco, una forma de expresión complicada que depende de juegos de palabras y presunciones elaboradas.

En 1969 se publicó una antología de sus poemas traducidos al inglés.

Quevedo murió el 8 de septiembre de 1645 en Villanueva de los Infantes, fue un poeta y maestro satírico del Siglo de Oro de España, quien, como virtuoso del lenguaje, es inigualable en la literatura española.

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1) Historia de la vida del Buscón

La vida del Buscón (o Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños)​ es una novela picaresca en castellano.

El libro se publicó por primera vez en 1626, aunque circuló antes en copias manuscritas algunas de las cuales se conservan hoy en día.

Quevedo nunca reconoció haber escrito El Buscón, probablemente para esquivar problemas con la Inquisición, y su silencio sobre esta obra, pese a estar la autoría fuera de toda duda, ha incrementado los problemas en la datación de su composición.

Sigue la línea de la novela picaresca amarga iniciada por el Lazarillo de Tormes de autor desconocido. Así, cuestionando el determinismo al que apela el protagonista de Lazarillo de Tormes, el de Quevedo es manifiestamente hijo de sus propias acciones y voluntad.

2) Vida de Marco Bruto

Vida de Marco Bruto, 1644, glosa de la vida correspondiente al famoso asesino de César escrita por Plutarco, escrita con algebraico rigor y una elevación de estilo conceptista poco menos que inimitable.

Lo más original de la obra literaria de Quevedo radica en el estilo, vinculado al Conceptismo barroco y por lo tanto muy amigo de la concisión, de la elipsis y del cortesano juego de ingenio con las palabras mediante el abuso de la anfibología.

Quevedo, gran amante de la retórica, ensayó a veces un estilo oratorio lleno de simetrías, antítesis e isocola que lució más que nunca en su Marco Bruto.

3) Parnaso

Hasta bien entrado el siglo XIX, las ediciones de la poesía de Quevedo se organizaron según el modelo de la que en 1648 preparó, en complicidad con el autor, José González de Salas, un humanista de la época.

La recuperación de El Parnaso español supone una contribución de primer orden al conocimiento de un corpus poético considerado un clásico ya en vida de Quevedo. La monumental edición de Ignacio Arellano, acreditado especialista en su obra, facilita un acercamiento crítico a un material que su anotación permite comprender y disfrutar en toda su complejidad.

Desde el siglo XVII, no se ha vuelto a publicar una edición de El Parnaso español completo, y sobre todo nunca se le ha dedicado una anotación sistemática, necesaria para leer la compleja poesía de Quevedo, caracterizada por un grado extremo de ingeniosa dificultad.

4) Gracias y desgracias del ojo del culo

Gracias y desgracias del ojo del culo es una de las mejores pruebas de que Francisco de Quevedo no solo fue uno de los grandes maestros del soneto europeo —junto a su rival Luis de Góngora, o a Shakespeare y John Donne—, sino también un autor satírico extraordinario.

Escrito hacia 1622, jamás fue publicado en vida del poeta y aun después de su muerte circuló clandestinamente durante mucho tiempo como una obra anónima.

El lector actual descubrirá enseguida qué irreverente sigue siendo hoy este opúsculo blasfemo y escatológico sobre las Gracias y desgracias del ojo del culo, la miseria y la grandeza de nuestro órgano más íntimo y recóndito.

5) Sueños y discursos de verdades

Sueños y discursos de verdades descubridoras de abusos, vicios y engaños en todos los oficios y estados del mundo es la obra filosófica más famosa de Francisco de Quevedo.

Fue publicada en Barcelona por Esteban Liberós, a costa de Juan Sapera en 1627. Junto con «La vida del Buscón», es la obra más conocida y compleja de Quevedo.​

Considerada una de las obras maestras de la prosa española del Barroco, está compuesta por cinco partes: Sueño del Juicio Final, El alguacil endemoniado, Sueño del Infierno, El mundo por de dentro y Sueño de la muerte.​ Todos destacan por sus juegos conceptistas, sus alegorías y el riquísimo léxico del autor.

Quevedo adapta la tradición humanista a su época, a través de breves anécdotas, para lograr ejercer una crítica social hacia todos los estamentos de la España de los Austrias.​

6) Las tres musas últimas castellanas

Las tres musas últimas castellanas fue editada en 1670 por su sobrino Pedro Aldrete Quevedo y Villegas.

La poesía de Quevedo supone la máxima expresión de lo que la crítica ha venido llamando «estilo conceptista», consistente en decir el mayor número de cosas posibles con el menor número de palabras.

Con este estilo, que se enraizaba en la tradición epigramática de la poesía del XV y en la escritura de autores como don Juan Manuel, se oponía Quevedo a la poesía gongorina, aunque su estilo no sea tanto fruto de un enfrentamiento como expresión de su propia personalidad, cualquiera que fuera el papel que jugara dicho enfrentamiento en la ulterior evolución del dicho estilo.

De esta manera, la poesía de Quevedo se caracteriza por la utilización de recursos como los diferentes juegos de palabras que permiten darle al concepto dos y tres sentidos diferentes, la hipérbole o la animalización fundamentales en la poesía de tipo caricaturesco.

7) Sueño del infierno

El Sueño del Infierno es el tercero de los Sueños de Francisco de Quevedo. Fue escrito en 1608 e intentó publicarse en 1610, aunque no vio la luz hasta 1627 en la edición de «Sueños y discursos» publicada en Barcelona.

Su versión expurgada se publicó en 1631 con el nombre de «Las zahúrdas de Plutón», dentro de los llamados «Juguetes de la niñez».

Para diferenciarse del estilo jocoso y desenfadado propio del Alguacil, Quevedo ocupa aquí un lenguaje más brusco y hostil hacia sus lectores, que puede notarse desde las primeras líneas del prólogo.​

La razón más poderosa que se ha supuesto para este cambio podría ser la animadversión de sus contemporáneos a Quevedo, quien había satirizado a la represiva sociedad española en sus dos obras anteriores, también mencionadas por el madrileño en la introducción en un intento de afirmar su propiedad literaria sobre su serie.

8) La hora de todos y la fortuna con seso

Escrita en 1645, en La hora de todos y la fortuna con seso Quevedo nos deleita con una variación sobre el tema del mundo al revés en que la Fortuna recobra el juicio y da a cada persona lo que realmente merece, provocando tan gran trastorno y confusión que el padre de los dioses debe devolverlo todo a su primitivo desorden.

Compuesta de un prólogo, cuarenta cuadros de diversa extensión y un epílogo, durante mucho tiempo ha sido considerada como una prolongación de los Sueños. Pero, sin embargo, constituye por si sola una viva síntesis de la sátira de Quevedo.

A lo largo de la obra, el autor pretende censurar personajes, costumbres, grupos sociales, tipos y episodios concretos de su época. Y, para ello, opta por emplear un lenguaje simbólico basado en la metáfora y en la agudeza verbal: no hay presencia alguna de nombres propios.

9) Juguetes de la niñez

Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio es una colección selecta de relatos de entretenimiento escritos por el maestro Francisco de Quevedo en los que predomina la sátira y la burla sobre los dominios social y literario.

Estos relatos circularon manuscritos hasta que un editor los reunió en 1626, aunque Quevedo los publicó en 1631 con el título de «Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio» con un prólogo en el que arremetía contra los editores piratas y declaraba la intención de estos escritos en los que pretendía denunciar los “abusos, vicios y engaños de todos los oficios y estados del mundo”.

10) El alguacil endemoniado

El alguacil endemoniado es el segundo de los Sueños de Francisco de Quevedo. Fue escrito en 1606 o 1607 e intentó publicarse en 1610, aunque no vio la luz hasta 1627 en la edición de «Sueños y discursos» publicada en Barcelona.

A diferencia del Juicio, esta sátira es la primera presentada en forma de discurso o coloquio entre un interlocutor y el Diablo.​

El licenciado Calabrés, sacerdote hipócrita y realizador de exorcismos, es el otro personaje del Alguacil. Intenta repetidamente exorcizar al demonio que ha poseído al alguacil, aunque no tiene mucho éxito.

Calabrés representa a todos aquellos que callan la verdad, ora por miedo, ora por velar sus intereses. El mismo Quevedo, por temor a la represión ideológica, se negó a publicar tal cual muchos de sus escritos.

11) El mundo por de dentro

El mundo por de dentro es el cuarto de los Sueños de Francisco de Quevedo. Fue escrito en 1612, aunque no vio la luz hasta 1627 en la edición de «Sueños y discursos» publicada en Barcelona. Su versión expurgada se publicó en 1631 dentro de los llamados «Juguetes de la niñez».

Es el discurso menos humorístico y más moralizador de Quevedo, quien deja muchos pasajes de la obra al juicio interpretativo de sus lectores. Desde el título se anuncia la voluntad de analizar el «mundo interior», ya que el madrileño hace unas aclaraciones importantes con respecto al mundo «por de fuera» y «por de dentro».​

Sin embargo, ello no exime a Quevedo de rechazar los modelos moralistas más próximos a su época para privilegiar los de la antigüedad pagana, como los socráticos.

12) Casa de locos de amor

Casa de locos de amor y otras prosas festivas es una compilación de escritos en prosa del reconocido autor español.

«Sentiría mucho que tan grave personaje se corriese de que le llamo merced: ya sé que a ratos es casi Excelencia, a ratos Señoría y a ratos vos; todo esto, batido a rata por cantidad, le viene de molde una merced muy reverenda, que también sabe vestirse deste título.

Demonio es el señor Pedrisco de Rebozo, Granizo con Máscara, que no quiere ser conocido por quien es, sino por honda, que ya tira chinas, ya ripio, ya guijarros, y esconde la mano, y es conde y marqués, y duque, y tú, y vos y vuestra merced.

Yo, que veo conjurar las nubes que apedrean los trigos y las viñas, viendo cuánto más importa guardar [de] la piedra la justicia, el gobierno, los ministros y el propio Rey…»

13) Cuento de cuentos

Cuentos de cuentos es una obra… «donde se leen juntas las vulgaridades rústicas, que aún duran en nuestra habla, barridas de la conversación.

La habla que llamamos castellana, y romance, tiene por dueños todas las naciones, los árabes, los hebreos, los griegos. Los romanos naturalizaron con la victoria tantas voces en nuestro idioma, que le sucede lo que a la capa del pobre, que son tantos los remiendos, que su principio se equivoca con ellos.

En el origen della han hablado algunos linajudos de vocablos, que desentierran los huesos a las voces; cosa más entretenida, que demostrada; y dicen, que averiguan lo que inventan.

También se ha hecho tesoro de la lengua española, donde el papel es más que la razón; obra grande, y de erudición desaliñada.»

14) Sonetos

Sonetos abarca los poemas de Quevedo que Blecua incluye bajo la rúbrica de Poemas morales.

La mayoría de estas composiciones proceden de la edición póstuma de la poesía de Quevedo que realizó en 1648 su amigo González de Salas, y se hallan reunidas, bajo la advocación de la musa Polimnia, en un apartado en el que figuran los poemas que, según el editor del volumen, descubren y manifiestan las pasiones y costumbres del hombre, procurándolas enmendar.

Muchos de estos sonetos se inspiran en versos o frases de algún escritor latino, sobre todo de aquellos por los que Quevedo sentía especial predilección: Séneca, Juvenal y Persio.

El propósito de este libro es anotar estos poemas pormenorizadamente, en un intento de aclarar al máximo su sentido literal, así como de estudiar sus fuentes y motivos, desvelando las alusiones eruditas y señalando las tradiciones poéticas o doctrinales que subyacen a cada uno de ellos.